El mal no forma parte de la persona, tampoco de su naturaleza. ¡No más violencia!

 

Cuando nos enfrentamos con conflictos ideológicos o con personas que se dejan llevar por sentimientos que provocan acciones de terror y destrucción, ¿cómo podemos contribuir a que se encuentre una solución? Pienso en eso no solo por los sucesos que pasan en el mundo, sino también por el conflicto en La Araucanía donde, desde marzo de este año, 12 recintos religiosos fueron incendiados.

En situaciones como esas, es común buscar al malhechor para detenerlo y castigarlo, pero el castigo no es suficiente, como tampoco es la solución definitiva.

Como esa violencia en La Araucanía empezó después del desalojo del Seminario Mayor San Fidel, en marzo, se cree que se conoce a los responsables de esa violencia, aunque no hay información que asegure que sean exclusivamente grupos mapuches.

Siento mucho amor y compasión por los mapuches, pues mi bisabuelo materno era de una tribu indígena y sé como en la historia de las Américas la población indígena perdió sus tierras. Pero hay que saber que nunca han perdido ni van a perder su valor, su integridad y su dignidad, pues esas son cualidades divinas que no se pierden y que están presentes entre todos los indígenas. Hace unos meses, pude observarlas en una pareja que había venido a una ciudad grande para vender sus propias obras de arte y las de otros para poder vivir mejor en su tribu.

Cuando con amor reconocemos las cualidades de nuestro prójimo y lo ayudamos a ver que esas cualidades forman parte de su ser, puede producirse una transformación en el pensamiento y en la actitud, incluso en un malhechor, pues el Amor sana y transforma.

Recuerdo haber leído hace años que una tribu de África pone eso en práctica a su manera. Cuando una persona hace algo malo o lastima a alguien, toda la tribu la rodea por dos días y le dice cosas buenas, para recordarle que su naturaleza es buena y que vive solo para hacer el bien. Le dicen “sawabona”, que significa “te respeto, te valoro, eres importante para mí”, a lo que la persona contesta: “shikoba”, o sea, “entonces, existo para ti”.

Esto me recuerda lo que explica la escritora metafísica Mary Baker Eddy, cuando dice que “la naturaleza más elevada del hombre no es gobernada por la más baja; si lo fuera, el orden de la sabiduría estaría revertido”. También indica claramente que la naturaleza buena del hombre no puede ser corrompida, cuando dice que “el bien nunca causa el mal, ni crea nada que pueda causar el mal. El bien no crea una mente susceptible de causar el mal, porque el mal es el error opositor y no la verdad de la creación”.

El mal no forma parte de la persona, tampoco de su naturaleza. Por lo tanto, la transformación y la solución son siempre posibles.

Para contribuir a que haya un desenlace pacífico, armonioso y justo para los mapuches y para el gobierno chileno, cada uno de nosotros puede reconocer en ellos su naturaleza buena y espiritual.

Al tener presente su verdadera naturaleza —buena, justa y tranquila— contribuimos mentalmente a que se encuentre una solución definitiva.



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