La sensualidad es la forma de lograr expresarnos en su totalidad con nuestros sentidos. Éstos nos llevan a vivir la vida con más plenitud. Si saboreas la comida con más conciencia, si tocas y sientes más rico, si escuchas óptimamente, si respiras y absorbes aromas, si ves con claridad y si logras usar tu intuición, te vuelves un ser vivo, vibrante, radiante. Sensual.
Tampoco los libros que hablan de esta ciencia milenaria, ni las filosofías orientales. Simplemente somos seres a los que no nos enseñaron a saber quiénes somos realmente y nos han mostrado un mundo que es exclusivamente externo, en el que se dan todos nuestros triunfos y pérdidas.
Resulta interesante conocer “la leyenda del punto negro”, a través de la experiencia de un profesor, al tomar a sus alumnos una prueba no anunciada. Les entregó una hoja de papel a cada uno con la parte frontal hacia abajo, y recién cuando les dio la orden voltearon la hoja y se sorprendieron al ver que solo había en el centro un punto negro; acto seguido, el profesor les pidió que escribieran respecto a lo que veían.
Se dice a menudo que la realidad imita al arte. En el tránsito de la Ilustración al Romanticismo, el debate sobre el suicidio adquirió una especial trascendencia. La novela “Las desventuras del joven Werther” provocó un impacto social con una gran oleada de suicidios acontecida en Alemania tras la aparición del texto de Goethe.
  Cuando nos enfrentamos con conflictos ideológicos o con personas que se dejan llevar por sentimientos que provocan acciones de terror y destrucción, ¿cómo podemos contribuir a que se encuentre una solución? Pienso en eso no solo por los sucesos que pasan en el mundo, sino también por el conflicto en La Araucanía donde, desde marzo de este año, 12 recintos religiosos fueron incendiados.
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